Podría esgrimir razones de diversas índoles para justificar mi decisión de no votar a Cristina en este 2011.
Podría mencionar, por ejemplo, la abismal distancia existente entre un discurso que habla de redistribuir el ingreso y una realidad que se empeña en demostrar la mayor concentración de la que se tenga memoria. La riqueza del 10% más rico antes de la dictadura era 13 veces más grande que la del 10% más pobre. 15 veces más durante los ‘80, 17 veces más en 1995 y actualmente es 27 veces superior. Aún más, La facturación de las 200 mayores empresas del país pasó de acumular el 32% del producto en 1997 al 51% en 2005 y el 56% en 2007.
Sin embargo, apenas serían números sin importancia (¿Son apenas números sin importancia?)
Entonces, podría justificar mi idea, hablando del proceso de primarización económica al cual fue sometido nuestro país durante los últimos 8 años. Hoy, por ejemplo, hay menos obreros empleados que en 1995. Casi el 40% de lo exportado proviene de la soja y sus derivados, trigo, maiz y oro.
¿Hace falta mencionar que la Barrick Gold saca cada día de nuestro país el equivalente a 15 millones de dólares en oro sin dejar ni un solo centavo gracias a una ley ratificada en el 2006 que los exime de hacerlo?
Creo que sería ahondar aún más en detalles intrascendentes (¿Son acaso detalles intrascendentes?)
Podría, además, hablar sobre las pésimas condiciones sanitarias y de pobreza estructural a las cuales está sometida gran parte de la población pese a que nuestra querida presidenta se jacta de inmensos superávits fiscales y crecimiento económico sin precedente. En un país donde la mitad de los chicos son pobres –y la mitad de los pobres son chicos-, donde el 40% de los trabajadores son informales y ganan menos de $2.000 al mes no resulta extraño que 1 de cada 3 argentinos no tenga cloacas. Repito: 1 de cada 3 argentinos vive al lado de su mierda. Otra vez: 1 de cada 3 argentinos tiene que tomar agua contaminada por su propia mierda. Eso si, pueden mirar el fútbol de primera sin necesidad de pagar un decodificador.
¿Prosigo? De cada diez personas que tuvieron la suerte de nacer durante el gobierno de Cristina, siete de ellas son indigentes. En un país que exporta 30.000 millones de dólares en comida, hay 700.000 chicos que no comen lo suficiente.
No hace falta hablar más porque sería un golpe bajo (¿Decir estas cosas es un golpe bajo?)
A pesar de todo, no es esto por lo que no voy a votar a Cristina en el 2011.
La razón principal es porque creo –pienso- que desde la última dictadura militar a esta parte, se ha llevado a cabo un proceso de naturalización de la pobreza. En donde nada se ha hecho para solucionar problemas estructurales. Sólo se han dado pequeños paliativos, algunos planes sociales, unas escuelas por aquí y unos hospitales por allá, para que los pobres estén ahí. Para que los pobres no nos jodan. Para que con suerte, coman. –con mucha suerte-.
Porque este gobierno lleva gastado más dinero en subsidiar el consumo de energía en la ciudad más rica de Latinoamérica que en Salud y Educación publica en todo el país. Cristina, va a gastar este año más de 20.000 millones de pesos para que nosotros, los ricos, paguemos más barata nuestra calefacción en invierno y nuestro aire acondicionado en verano. Con ese dinero, se podría darle de comer a TODOS LAS PERSONAS que lo necesitan. Sin embargo, nuestra querida Cristina decide cagarse en todos ellos. Tuvo y tiene la posibilidad de remediar el mayor flagelo que nos asota, pero elige no hacerlo. Para ella es más importante gastar 1.000 millones en televisar el fútbol que darle cloacas a las personas. Para ella, los ricos que compramos y vendemos acciones no debemos pagar impuestos, pero los indigentes que compran alimentos si.
Creo, pienso, estimo: que si pensamos que poniendo un sobre en una urna vamos a hacer de éste, un mejor lugar para vivir, estamos jodidos.
Pero creo, pienso y estimo con mayor firmeza, que si nuestro voto avala a personas tan siniestras capaces de defender, justificar y confirmar pobrezas estructurales como esta; evidentemente somos demasiado hijos de puta porque nos resignamos a creer que esto es lo mejor que se puede hacer.
Votando a los menos peores, nos condenamos a que nos gobiernen los menos peores.
Votando a esta clase de hijos de puta, nos convertimos nosotros también en esa clase de hijos de puta.